Adelante, pueblo de Dios: el Salvador está contigo
(I)
(Borrador)
En Su infinito Amor el Padre siempre está cerca de Sus hijos, para forjar aún más sus corazones y escribir a fuego en su corazón Su palabra: victoria. Este es lo que la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén perseguirá, en la santidad: combatir para vencer; actuar para vencer; avanzar para vencer. Los verdaderos cristianos aspiran a la victoria. Nunca se contentan: avanzan para que cada acción lleve fruto y en abundancia. Así como el Hijo de Dios se ha donado hasta el final, Sus hijos nuevamente hacen comprender a la humanidad entera que la condescendencia no pertenece a quien en Cristo quiere vivir, esperar y llegar a la victoria.
Esta Casa, Morada del Padre, es el único faro de la Luz de Cristo, que nunca se apagará. Todo el resto será apagado pero la Fuente de Luz, que en la Tierra de Amor se irradia, brillará.
El Padre llama a Sus nuevos ministros a pacer el rebaño de Dios, para aconsejar a los corazones, reconducir nuevamente al conocimiento de los corazones la verdadera doctrina, las verdaderas enseñanzas cristianas, Cristo, el único Salvador del mundo, Aquel que por Amor ha bajado en la Tierra de Amor y por obra del Espíritu Santo se manifiesta. Es así que en la más viva fidelidad cada corazón pone la propia vida a los pies de Tabernáculo viviente, que el Padre ha puesto en la Nueva Jerusalén.
En esta Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, el espíritu de servicio está vivo. Servir para llegar al corazón de todos, para que la acción del Espíritu Santo purifique los corazones y les conduzca sobre el recto camino, a fin de que puedan reconocer el Árbol santo, Aquel que lleva nutrimiento y sustancia, Aquel que lleva la abundancia del Padre y que vuelve a donar a cada corazón el resplandor originario.
«¡Hijos de Dios! Dejaos revestir de la Luz que es Cristo. Dejaos revestir y moldear por Su acción benéfica, salvadora, vital. La acción vital de esta Casa llevará destrucción en otra casa que antes era y que ahora no es más. La acción vital de esta Casa que hará que la bandera sea amainada en la otra casa. Una bandera que ha perdido su esplendor, perdido el camino y ha naufragado en la totalidad. El barco se ha rellenado de agua y ahora todas las grietas que allí estaban ya no se contienen; y todo se volcará».
«¡Babilonia la grande! Grande será tu desdicha. Lo que posees lo perderás. Lo que con afán has custodiado te será quitado. Y lo que has quitado a los otros será devuelto. Porque hay que dar a Dios lo que es de Dios».
El patio de Roma, vaciado de las enseñanzas del Padre, vaciado del Espíritu Santo, se ha quedado desierto. El fuego de la ira del Padre arde y quema. Se advertirá el calor de la Flama del Padre. No hará amparo por aquellos que han practicado una falsa doctrina. ¡Estos son los falsos profetas! (Mt 7, 15). Aquellos que se han declarado custodios de la doctrina, que se han amparado detrás del Nombre de Dios. Serán perseguidos por el fuego del Espíritu y desterrados, como pasó en el tiempo del profeta Elías, que a filo de espada uno a uno les pasó (1Re 18, 40). Así que la humanidad pueda restablecerse, para que aquellos que todavía creen en Dios puedan tener la fuerza y el coraje de retirarse de aquella casa para converger sobre el único Camino que nunca ha desviado y nunca se ha tambaleado en seguir y poner en práctica las enseñanzas de Cristo, único Camino, única Verdad, única Vida, que ahora se manifiesta en la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén, Cuerpo místico de Cristo.
«Hijos de la Nueva Jerusalén: ¡orgullosos, santos y fieles! Como María, Sierva fiel, Madre Santa. Transmitid las virtudes cristianas, porque puedan ser practicadas en la esencia y en la sustancia, porque todos puedan ver en esta Madre Iglesia el Corazón de Padre, que espera a Sus hijos, quiere abrazar a Sus hijos; y reza para que sean pocos aquellos que deciden perderse».
«¡Ministros de Dios! Id a pacer el rebaño santo del Padre. De vuestro comportamiento los hijos y los hombres y mujeres de buena voluntad amarán la Morada del Padre; de como os manifestarais la Casa del Padre será amada. Sed ejemplo de santidad para que el pueblo en la viva fraternidad pueda encontrar en vosotros el verdadero ejemplo de rectitud y de amor verdadero, por Cristo y María».
Muchos son aquellos que se han puesto en camino para llegar, para llenar el Valle santo elegido por el Padre, purificarlo para hacerlo resplandecer, porque la cristiandad se pueda derramar y lo que ha sido dicho, que ha llevado a una persecución hacia la Nueva Jerusalén pueda ser revolcado y conocido por Su Verdad.
El Padre ha bajado el brazo de Su Hijo, donando al brazo todo Su poder para que la impotencia humana pueda ser abatida. Adelante, pueblo de Dios. ¡El Salvador está contigo!