El Espíritu del Padre, que reside en la Tierra de Amor, invita a Sus hijos: «Venid y saciaos a la Fuente del agua viva»
El Espíritu del Padre, que reside en la Tierra de Amor, invita a Sus hijos: «Venid y saciaos a la Fuente del agua viva»
(Borrador)
La Pequeña Cuna del Niño Jesús es el Tabernáculo del Padre. En la Tierra de Amor el Espíritu del Padre está vivo. El Espíritu habla al corazón de Sus hijos, al corazón del pueblo santo de Dios, al corazón de aquellos que han permanecido y que quieren permanecer fieles a las enseñanzas de Jesucristo Salvador. El Pequeño resto de Israel, preanunciado por la Sagrada Escritura, (cf. «El grito de Amor del Pequeño resto de Israel”) está llamado a mantener viva la Flama del Amor del Padre.
De la Tierra de Amor la voz del Espíritu del Padre habla al corazón de Sus hijos y dice:
«Pueblo de Dios, Pequeño resto de Israel, transmite la Luz de Cristo Salvador. Hijos del Dios viviente, transmitid la Luz que de esta Cuna, Tierra de Amor, irradias las calles del mundo, a fin de que la Luz haga retrasar la oscuridad, a fin de que el Sol de Dios, a través del verdadero testimonio, pueda iluminar y recalentar los corazones. Iluminar los corazones de aquellos que viven en la oscuridad, de aquellos que están aprisionados en la oscuridad. Y recalentar los corazones de aquellos que sufren por la frialdad del mundo; recalentar los corazones para alejar el veneno que el mundo inyecta en muchos corazones».
La cristiandad viva y santa es el antídoto para combatir el veneno del mundo. La cristiandad verdadera, hecha de gestos simples y concretos, de esencia y de sustancia, aleja la apariencia de una falsa cristiandad que quisiera avanzar en su impureza y en su impunidad. El Espíritu del Padre ha acogido la apelación de los hijos de Dios y Babilonia cada vez más advertirá la omnipotencia del Padre. De Babilonia se levantarán llantos y lamentos, que no serán escuchados y atendidos por el Corazón del Padre. Lo que es podrido caerá.
Los hijos de esta Madre Tierra, la Tierra de Amor que ha acogido y que acoge todos aquellos que el Espíritu del Padre envía, más y más se manifestarán como frutos fecundos del vivo e intenso Amor del Espíritu del Padre. El Padre escuchará y acogerá la voz de Sus hijos fieles.
«Pueblo de Dios, haz escuchar Tu voz, tu canto de alabanza por tu Señor, por el Rey de los reyes, por Aquel que salva y ata».
«Hijos de Dios, renovad esta humanidad en el íntimo, para que cada corazón desde pecador pueda llegar a ser cristiano ardiente y testigo vivo de la remisión de los pecados que en esta Tierra es. Todo lo que con ardor, con voluntad y sinceridad viva se deja en esta Tierra, esta Tierra de Amor volverá a donar. El corazón. Un corazón nuevo, purificado y renovado en el Amor de Dios. La Isla Blanca, donde la pureza de la fe está viva, dona la ligereza espiritual, dona la concienciación de volver sobre el recto Camino, sobre el Camino maestro, que es Cristo Jesús, el Maestro, el Salvador, el único Salvador del mundo».
En la Nueva Jerusalén el soplo del Espíritu Santo está vivo, continuo, penetra en los corazones para purificar y encender la Flama viva que debe reconducir muchos hijos sobre el recto Camino; y que conduce los hijos observantes a vivir la cristiandad vera, conduce al crecimiento y a la madurez espiritual, completa.
En la Pequeña Cuna del Niño Jesús, en la Pila del Espíritu Santo, las personas se inmergen, para ser nuevamente revestidos por la Luz que es Cristo, para ser lavados, purificados; y para volver a ser resplandecientes de Su infinito Amor, para recibir parte de Sus dones, para poder vivir el Cielo.
El viento de Dios sopla en la Casa donada a los hijos por el Padre, para alejar quien no es digno de vivir la Casa del Padre; y sopla para hacer que las alabanzas, los cantos, las oraciones que del único Corazón salen, el Corazón del Cuerpo místico que es Iglesia, puedan llenar el Valle y llegar en los corazones lejanos.
En la Nueva Jerusalén un solo grito de Amor se levanta, que llega al Corazón del Padre, que con Amor, Bondad y total cercanía acoge y vuelve a donar Su paternidad: el Padre Misericordioso y Justo, que nunca se aleja de Sus hijos fieles, que todo viven y todos se donan por Amor del Padre.
«Hijos de la Nueva Jerusalén, haced vosotros hoy así como el Bautista, el más grande entre los nacidos de mujer, hizo
Invitad a los corazones a conocer el Espíritu de Cristo, que en el Tabernáculo del Padre está vivo.
Invitad a los corazones a reconocer el Espíritu de Cristo y a poner en práctica Sus enseñanzas.
Invitad a los corazones a volver a vivir la esencia y la sustancia del Evangelio, a fin de que el Espíritu que en los corazones encuentra Alegría, Paz, Sinceridad y Amor pueda lavar los pecados y en la Verdad todo donarse, para hacer que en cada corazón crezca más y más el Amor hacia el Padre, hacia María, la Eterna Mozuela, Aquella que por Obra del Espíritu Santo ha donado nuevamente a la cristiandad lo que la cristiandad deseaba y atendía.
Hijos de María, de la Nueva Jerusalén, alegraos. El Padre ha acogido vuestra apelación. El rescate cristiano es».
En Babilonia la oscuridad y las tinieblas avanzan y lo que antes estaba mantenido ocultado ahora más y más se manifestará. Sin la presencia del Espíritu de Dios, voluntariamente traicionado y que el Padre ha retirado, las fundamentas de aquella casa, que antes era y que ahora ya no es, están destinadas a caerse. Las columnas de aquella casa una tras la otra caerán. Aquella casa, que con viva voluntad ha traicionado el Espíritu Santo para adorar el espíritu del enemigo de Dios, se ha convertido en guarida de víboras, cloaca de impureza, casa donde la abominación de la desolación impera (cf. Dn 9, 27; 10, 11; 11,31; Mt 24, 15; Mc 13, 14).
Los infiernos nunca prevalecerán sobre la Iglesia de Cristo (Mt 16, 18). Y la Iglesia de Cristo es la Casa en la cual reside el Espíritu Santo, la Casa con la cual el Padre ha renovado Su Santa Alianza, donde el Padre ha establecido Su Morada. He aquí la Nueva Jerusalén, atendida, anunciada y que ahora es.
En la Casa que el Padre ha donado a Sus hijos el Espíritu está vivo. Todo gira en torno al Espíritu de Dios, aquel Espíritu fecundo, aquel Espíritu vivo que jamás ningún hombre podrá detener, guiar, silenciar. El Espíritu de Dios guía Sus hijos y aquellos que están animados por la buena voluntad a reconocer Su presencia, para conducir todos al Corazón del Padre y para hacer triunfar el Corazón Inmaculado de María.
«Venid, vosotros los que estáis fatigados y sobrecargados (Mt 11, 28). Reconfortaos a la Fuente de agua viva (Ap 21, 6). Seréis acogidos sin pedir nada. Venid y comed. Venid y bebed. (Jn 6, 33-35). El Espíritu está listo en reconfortar el corazón de los hijos de Dios. El Espíritu está listo en acoger, purificar, reconfortar y santificar el corazón de cada hombre y de cada mujer que, animados por la buena voluntad, están en búsqueda de la Verdad».
«Oh todos vosotros que estáis en búsqueda del Dios verdadero, no escuchéis al canto de sirenas del mundo. No escuchéis a los falsos predicadores, que dicen que hacen el bien pero en realidad hacen el mal. El árbol se juzga de los frutos (Mt 7, 15-20). María, Madre Iglesia, Nueva Jerusalén invita a todos aquellos que buscan la Verdad y dice: “Venid y veréis”. (Jn 1,39)».