El proselitismo de la Nueva Jerusalén

 

(Borrador)

«Amaestrad a todas las gentes en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Infundid en su corazón el Espíritu de la Verdad, el Espíritu de la unidad, el Espíritu de Aquel que está vivo, presente, cercano. Impartid las verdaderas enseñanzas cristianas a todos aquellos hijos que con amor aquí se acercan para poder vivir el contacto directo con Aquel que todo ha creado».

De la Nueva Jerusalén, de este rincón de Paraíso la voz del Espíritu del Padre rasga los corazones de todos aquellos que abandonándose a Su voluntad quieren vivir una vida plena, una cristiandad ardiente y prolífica, que lleve fruto, a fin de que los corazones puedan ser rellenados de la infinita gracia que de esta Tierra de Amor se derrama para hacer que nuevamente la humanidad pueda volver al esplendor inicial.

En la Cuna de Amor, Tabernáculo viviente, el Padre directamente acoge Sus hijos, todos aquellos hijos que en el primer lugar ponen y pondrán Su voluntad, Su paternidad, eligiendo vivir en la santidad, repudiando lo que el mundo ofrece en la aparente gratuidad pero concretamente atenazando el corazón.

Esta es la elección del pueblo santo de Dios: el pueblo que ha elegido Dios como Padre y que ha abandonado el mundo, aunque viviendo el mundo sin dejarse seducir por sus adulaciones.

He aquí la elección de la Isla Blanca, de la Isla de Amor donada por el Padre a los hijos para preservar la pureza de la fe cristiana. He aquí el proselitismo de esta Casa, de esta Iglesia, universal, que llega en los corazones, toca los corazones, para hacer comprender a cada corazón donde está la Verdad, qué es la Verdad y cuales beneficios morales y espirituales lleva en su seno.

Esta Casa cada vez más resplandecerá. Esta Casa cada vez más será la meta por muchos corazones que nada conocen, por muchos corazones que han olvidado y por otros corazones que todavía quieren, aún más, vivir las enseñanzas cristianas auténticas. Lo que ya ha sido dicho más y más se concretiza: el patio de Roma, la casa que antes era y que ahora no es más, se vacía; la Nueva Jerusalén, la Casa de los hijos de Dios, se llena.

He aquí el Espíritu fecundo del Padre que acoge más y más hijos a Su mesa. Otros banquetes se quedan vacíos, porque ya nada está para poder banquetear, para poderse nutrir del Pan vivo bajado del Cielo, para recibir el Pan cotidiano, que da fuerza, sustancia, que revigoriza los corazones.

En la Casa de Dios todo está vivo, todo es fecundo, cuanto más es fecundo el corazón en la obediencia amorosa, en la santidad, para poderse cada vez más elevar en la santidad, más y más, emulando a quien el Padre ha enviado para reconducir todos a la cristiandad perfecta.

He aquí la cristiandad en la esencia: hacer revivir en cada corazón la esencia del Maestro, las enseñanzas, Su ejemplo de vida. Éste hace elegir Dios. Éste hace poner Dios en el primer lugar, rechazando, esforzándose por rechazar lo que cotidianamente el mundo ofrece: sus adulaciones, sus engaños.

Las palabras proclamadas con antecedencia ahora vuelven: «Bienaventurados vosotros que sabéis permanecer fieles a las enseñanzas de Cristo. Bienaventurados vosotros que a causa de Su nombre seréis apuntados, sois apuntados. Seguid, perseverad, para vivir ya ahora el Reino prometido por el Padre a Sus hijos fieles». Jesús y el Padre siempre serán al lado de los hijos de Dios. María Madre Iglesia Nueva Jerusalén siempre divulgará en cada rincón el significado profundo de la fidelidad viva a todo lo que es del Padre, sin titubeos y sin ambigüedad.

El proselitismo de los verdaderos hijos de Dios es y siempre será. El proselitismo de la Iglesia de aquellos que exhortarán a permanecer fieles sólo y únicamente al Dios Uno y Trino; a consagrarse al Corazón Inmaculado de María; a creer en Cristo Verdad absoluta, no relativa; a creer en el Dios católico, universal; a defender la pureza de la fe, las enseñanzas cristianas auténticas, ante todo la familia, así como concebida por el Padre, y la sacralidad de la vida.

Este es el proselitismo de los hijos de la Nueva Jerusalén. No el proselitismo de quien, en el patio de Roma, por un lado afirma que es pecado grave intentar convertir las gentes al verdadero cristianismo y por el otro con el engaño está barqueando el barco en una nueva religión mundial que ya no pone en el centro a Cristo, la Piedra angular, sino que ha descartado a Cristo para adorar el espíritu de aquel que es enemigo de Dios.

María Madre Iglesia Nueva Jerusalén siempre acogerá todos aquellos que, con “corazón” y “voluntad”, quieren vivir y defender la verdadera fe cristiana, para conducir todos los hijos de Dios y todos los hombres y mujeres de buena voluntad al Corazón Misericordioso y Santo de Dios Padre Omnipotente.