En la Tierra de la Alianza arde la Flama viva del Amor del Padre

 

(Borrador)

En la Tierra de Amor arde la Flama viva del Amor del Padre. En la Nueva Jerusalén donde el Padre ha establecido Su Morada entre los hombres, la Flama del Amor del Padre está viva y arde para quemar toda impureza, para quemar todo pecado, para atender la petición de muchos corazones que en el Santuario de la Divina Misericordia del Padre invocan con sinceridad profunda Su perdón.

En el Rincón de Paraíso entre los hombres la Flama del Padre manifiesta la Luz de Cristo y de la cristiandad auténtica, que obscura las tinieblas y hace resplandecer la Cuna de Amor, la Tierra de la Alianza que el Padre ha renovado con Sus hijos fieles.

El Espíritu del Padre devolverá el orden y la disciplina en el Valle Santo donde el Hijo de Dios ha bajado del Cielo, a fin de que desde el Centro de la Divina Misericordia se irradie aún más la cristiandad auténtica.

En esta Tierra de Amor el Padre refunda Su Iglesia. El Espíritu Santo, que proviene del Corazón del Padre, irradia la Luz de Cristo que será Luz por todas las gentes, a fin de que todos los hijos de Dios y aquellos animados por la buena voluntad puedan converger en el único pueblo, el pueblo santo de la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén, Cuerpo místico de Cristo.

Las promesas del Padre se cumplen. Por un lado, en el día del Señor, se celebra y se celebrará la fiesta del pueblo santo de Dios, que en la Nueva Jerusalén está vivo; por el otro, se manifiesta y se manifestará el derrumbo de los muros del Palacio de Roma, el derrumbo espiritual de sus muros y de sus columnas, porque lo que deberá caer caerá y lo que se debe erigir aún más se erigirá. Y todo esto hará comprender no sólo con las palabras sino en la concreción de la palabra de Dios como se cumplen las promesas del Padre (Is 22; Jer 50; Ap 18).

En el día del Señor, día de luz, la Flama viva del Amor del Padre, en unión al Corazón de Cristo y al Corazón Inmaculado de María, vence el mal en muchos corazones. Es esta la frescura de la fe que en la Tierra de Amor se expresa y se manifiesta.

La voz del Espíritu del Padre se levanta en el Valle santo para exhortar y hacer comprender a quien escucha que la Flama del Amor del Padre está viva:

«¡Avanzad, todos vosotros que creéis en Cristo y en las verdaderas enseñanzas cristianas!

¡Avanzad, todos vosotros que en torno a esta Cuna habéis vuelto a buscar vuestra vida!

¡Avanzad, todos vosotros que habéis conocido a María, la Sierva fiel!

¡Avanzad, todos vosotros porque habéis hallado gracia ante el Corazón del Padre y habéis rescatado vuestra vida en la voluntad de perseverar en esta verdadera, verdadera, verdadera fe!».

«¡Necios todos vosotros que declaráis esta Tierra de Amor invadida… por las pajas del mundo!»

«¡Necios todos vosotros que no conocéis la palabra “corazón” y “voluntad”! ¡Tardos de corazón! Por esto vuestro continuo perseverar en esta necedad seréis arrollados por el Arca de la Nueva Alianza y por la fe de esta Isla de Amor».

Todo se volcará. La Nueva Jerusalén será conocida por su valor: no por el fasto de las riquezas humanas sino por el fasto de la riqueza de los corazones que aquí reciben la abundancia del Padre.

He aquí el Espíritu, la acción del Espíritu que muchos querrían enjaular y que en esta Isla de Amor sopla, ánima a los corazones, incide en los corazones, escribe en los corazones la palabra Dios, Dios, ¡el Dios Uno y Trino!

«¡El Espíritu del Padre sea escudo y protección por todos vosotros hijos, hijos de Dios! Sed tenaces, contra toda tentación. Sed constantes en el perseverar en la santidad. Mirad al Cielo. El sol es. El Camino es. Y la Verdad os hace libres».

Las palabras del Padre se cumplen y aquellos que se auto-declaraban “estrellas” caen al vacío (cf. Ap 12, 4). La casa que antes era y que ahora ya no es se desertifica y la Casa de los hijos de Dios, de la Alianza con el Padre se llena más y más. Así sea.