La autenticidad cristiana
(Borrador)
La Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén quiere hacer vivir a los propios fieles y a todos los hombres de buena voluntad la cristiandad auténtica, para llevar todos – en estos tiempos duros y difíciles – a comprender la cristiandad, viva y profunda. La cristiandad que lleva a ser verdaderos hombres y verdaderas mujeres, que quieren levantar el propio ser a Dios, que quieren vivir por Dios, en Dios, con Dios.
Para hacer esto cada cristiano debe poder comprender Dios, aquel Dios que se agacha sobre la humanidad para hacerse conocer. Éste es lo que los hijos deben poder comprender: el conocimiento del Padre. Un Padre que escucha, un Padre que enseña, un Padre que vive la cotidianidad de los hijos. No un Padre fuera de la cotidianidad, fuera del contexto de los hijos sino un Padre presente, que vive y coparticipa con los hijos, cotidianamente.
Entonces, ser cristianos presupone ante todo ponerse a la escucha; luego, acatar, comprender bien cuanto escuchado; en fin, transmitir todo esto. Transmitir con el ejemplo de vida, santa; transmitir con el ejemplo de rectitud, viva; transmitir con caridad amorosa; transmitir en la obediencia al Padre, para poder hacer que llegue en el corazón de cada hermano y en el corazón de cada ser viviente la verdadera fraternidad, la fraternidad en Cristo, el Hombre-Dios, Aquel que es Hermano, Maestro y Dios.
En el Bautismo recibido somos reyes, sacerdotes y profetas. Todos aquellos que están animados por la buena voluntad, todos aquellos que conservan la fe en Cristo, todos aquellos que perseveran en la Ley de Dios, poniendo a Dios en primer lugar, deben ser ejemplo de vida santa. Cada cristiano debe esforzarse cotidianamente por vivir la santidad, la santidad en la cotidianidad. Al hacerlo cada uno vivirá en el corazón el primer matrimonio: el matrimonio con Dios, encomendándose al Padre, para poder comprender el propio camino. Al hacerlo, guiados por el Espíritu Santo, se permanecerá siempre en contacto con el Padre. Al hacerlo será simple poder vivir como verdaderos hombres y como verdaderas mujeres, verdaderos cristianos.
Éste es el camino de los cristianos, que cotidianamente se esfuerzan y combaten para vencer toda tentación; se esfuerzan por poder llegar en el corazón de cada hermano, con caridad y con humildad.
Para hacer esto cada hombre y cada mujer tendrán que vivir plenamente la virtud de la f i d e l i d a d, una fidelidad personal y con respecto a los otros, partiendo por la fidelidad a Dios, Uno y Trino. Ésta es la Ley santa de la que partir, re-partir, abandonándose al Espíritu Santo, que a cada uno hace comprender el camino personal para emprender que conduce y conducirá a la gloria en el Padre.
Poniendo en práctica esta formación espiritual, se será verdaderos y puros. Cada uno crecerá en la pureza y en la verdad, en la fidelidad total a Dios y en la verdadera fraternidad hacia el prójimo. Al hacerlo, el orden y la santidad pueden reinar ya ahora, en el corazón de cada uno y en la fraternidad con todos.
Éste es lo que la humanidad ha perdido. Éste es lo que muchos no han querido conocer. Éste es lo que otros han abandonado y que otros combaten. Por esto el arma más mordaz es la Palabra de Dios. La palabra de Dios es desarmante; la Palabra de Dios penetra; la Palabra de Dios trastorna. La Palabra de Dios puede matar sin tocar.
Por esto muchos acogen la palabra de Dios para ser cambiados en el corazón; otros en cambio La combaten, porque en el desenmascaramiento de sus pensamientos se sienten culpables.
María, la toda pura, la sin mancha, la toda bella, es el ejemplo vivo es la esencia de la cristiandad. María, la Mujer, da sustancia a la cristiandad. La fidelidad de María hará vencer y triunfar la cristiandad. Las tinieblas no prevalecerán sobre la Iglesia de Cristo. Todos aquellos que cotidianamente combaten el Espíritu y quieren atajar la Obra del Padre sucumbirán.
La Iglesia de Cristo es Una, Santa y Universal. La Iglesia de Cristo tiene raíces en el corazón del Padre. Estas raíces son vivas, puras y santas. Y estas raíces, enraizadas en el corazón de cada hijo que en la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén ha encontrado la Verdad, darán frutos en abundancia, porque donde está Cristo hay Vida, donde está Cristo hay santidad, donde está Cristo está la Luz, que aclara las tinieblas, vence la muerte y dona a todos Sus hijos la Vida eterna.