La verdadera Reconquista cristiana
(Borrador)
En estos tiempos duros y difíciles, donde la cristiandad es siempre más atacada y renegada, donde la apostasía de la iglesia de Roma es causa de la muerte espiritual de muchos corazones, Dios Padre Omnipotente avanza en Su proyecto de reconquista cristiana. Dios Padre quiere incidir en el corazón de Sus hijos y de todos los corazones de los hombres de buena voluntad Su Ley Santa, para que cada corazón sea expresión de Dios en el mundo: en cada calle, en cada rincón, en cada país; para que la Ley de Dios pueda volver a ser nuevamente al centro de la vida de cada hijo, de cada hombre y de cada mujer, de aquellos que quieren e pretenden vivir la cristiandad y la espiritualidad en sentido pleno y completo; para que la autenticidad cristiana sea el símbolo de la reconquista y del renacimiento cristiano que a través de esta Iglesia el Padre quiere donar al mundo. Un renacimiento vivo, santo, que debe llevar el orden y la santidad, que debe hacer reflorecer en cada corazón la pertenencia al Dios Uno y Trino, a fin de que en Cristo, Hijo de Dios, cada corazón pueda volver a la Vida, a la verdadera Vida.
La intervención del Padre será viva, continua y para muchos será neta. Así como neta será la invitación de Amor del Padre dirigida a todos aquellos que pretenden vivir Su voluntad, que pretender pertenecer a Su voluntad y que quieren practicar Su voluntad sin vínculos, en la plena y total libertad. La única condición puesta por el Padre a fin de que todo esto se cumpla y se viva es la ligazón de Amor profundo, que debe unir al Padre cada hijo, de corazón a corazón, que debe llevar cada hijo a sentirse parte viva de la Iglesia de Cristo, a sentirse parte activa de esta Iglesia, que debe llevar todos a sentirse vivos en el propio ser, en la esencia y en la sustancia.
Viva será la intervención del Padre contra quién es falso. Viva será la intervención del Padre contra quien ha renegado la Iglesia de Cristo. Viva y santa será la intervención de Dios contra todos aquellos que denigran a Sus hijos, a Su casa, a Su Obra, santa, viva y perfecta.
No quien dice «Señor, Señor» sino quien hace la voluntad del Padre será salvo (Mt 7, 21). La santidad que aparece, pero que en realidad no es, será prohibida. Serán proscritos todos aquellos que se sirven de lo que es santo sólo para aparecer, engañando los pequeños y los simples; todos aquellos que declaran santo lo que en realidad es engaño; todos aquellos que practican una falsa santidad que no tiene fundamento en el corazón de Cristo. Se hará retroceder esta presumida santidad, una santidad enmascarada que en realidad es falsedad. Una falsedad que corrompe los corazones, que envenena los corazones, que no hace vivir la verdadera santidad a aquellos que quieren vivir, en plenitud, Cristo y Sus enseñanzas auténticas.
La Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén hará reflorecer la verdadera santidad en cada corazón. La verdadera santidad será expresión viva de esta Iglesia. La verdadera santidad llevará a hacer florecer en cada rincón, en cada país, en cada casa el verdadero Amor en Cristo, con Cristo y por Cristo, aquel Amor que ata el corazón de cada hermano, más allá de todo pensamiento humano, más allá de toda costumbre humana.
La Iglesia vivirá la verdadera renovación. Reconquista cristiana será, comenzando por el íntimo de cada corazón, para recoger en un único abrazo esta renovación que quiere hacer reflorecer este mundo. Toda ley humana será sometida a aquella divina. Todo poder humano será sometido al brazo del Hijo de Dios. Toda promesa humana será sometida al tamiz del Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Se habrá una metamorfosis profunda. Este mundo advertirá el cambio total y repentino de cada ley que lo regula. El Padre permitirá todo esto a fin de que todos puedan levantar los ojos al Cielo y mirar la Obra de Dios, con Su intervención divina, que sacudirá cada corazón, sacudirá todo pensamiento y hará nuevamente arder los verdaderos hijos de Dios de una dignidad viva, santa y total.
Eje de este mundo será esta Iglesia, esta Casa, querida por el Padre para la salvación del mundo.
El Éxodo de los hijos de Dios aquí se para. El Padre está por donar al mundo de buena voluntad Su Casa. Esta Casa es el centro de la infinita misericordia de Dios; es el centro del Juicio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que en Su misericordiosa justicia juzgará cada corazón y que en Su Bondad todo donará a Sus hijos fieles, para permitirles ascender en Su Corazón.