La viva acción del Espíritu Santo en la Iglesia de Cristo

(III)

(Borrador)

El Espíritu Santo está vivo y en la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén manifiesta Su Luz. Cristo, Luz de todas las gentes, ilumina el camino de Sus hijos, irradia nuevamente Su Luz, para recalentar los corazones y llevar el corazón de Sus hijos y de todos los hombres de buena voluntad a la comprensión viva y profunda de esta Iglesia, Madre Iglesia, Nueva Jerusalén.

La Palabra de Jesús, la Verdad absoluta que en Cristo se manifiesta, en esta Tierra es proclamada. Cristo es la única Palabra que confirma la Obra del Padre, Su Obra para la humanidad entera, para todos aquellos que quieren ser salvados, aquellos que quieren ser victoriosos sobre la muerte y para todos aquellos que quieren y querrán permanecer atados a la única Doctrina, Cristo [cf. Magisterio de la Iglesia, 21/11/2017], al unigénito Hijo de Dios, a la acción del Espíritu Santo.

La viva acción del Espíritu Santo infunde en el corazón de los hijos de Dios la certeza del Amor del Padre, la certeza de Su vivo Amor, la certeza de Su estar cerca y al lado de todos los corazones, a fin de que empujados e impulsados por Su vivo Amor, los hijos de Dios puedan erigirse y hacer comprender la esencia y la sustancia de esta Iglesia: querida por el Padre para el bien de Sus hijos; cuidada por los cuidados maternos, por el Amor de María, que no abandona y nunca abandonará todo hijo penitente y todo hijo fiel que quiere seguir viviendo en la Verdad, en la única Verdad, para que cada corazón pueda seguir siendo ayuda para el hermano, consuelo para el hermano, estímulo para el hermano.

He aquí la fraternidad que de esta Tierra, de esta Iglesia, nunca tramontará. La enemistad no forma parte de esta Casa. Esta Casa es la única amistad, la única Alianza entre los hermanos, entre hijos y entre hijos y Padre, que reconocen Su paternidad y lo honran en la esencia y en la sustancia.

«Todos aquellos que reniegan de la viva acción del Espíritu Santo, Su viva presencia en la historia, Su ser Luz, reniegan de la Obra del Padre. Estos no son dignos de vivir la espiritualidad de la Iglesia de Cristo. Por esto la cizaña es nuevamente echada en el fuego, a fin de que no pueda perjudicar más a la Casa del Padre, a los hijos de Dios, a todos aquellos que adoran al Hijo, Jesús, el Salvador, honran al Padre. ¡Fuera! Lejos de esta Tierra, vosotros que habéis descartado la amistad del Padre para ser amigos con aquellos que profanan lo que es del Padre».

Los hijos de Dios, con la ayuda del Padre, se manifestarán cuales sarmientos de la Vid santa (Jn 15,5). Los hijos de Cristo, con la ayuda del Espíritu Santo, se manifestarán cuales frutos santos del Amor del Padre, que en esta Tierra, en esta Iglesia, en el único Espíritu quiere volver a donar al pueblo de Dios la libertad de poder creer, obedecer y amar al único Padre, Rey del Cielo y de la Tierra, Creador de todas cosas, a fin de que todo se cumpla y la potencia del Padre se manifieste (cf. Ro 9,1-33).

«¡Hijos de Dios! Dad sabor a la Fidelidad viva que de esta Tierra se irradia, se levanta, para pasar toda frontera humana, puesta por quien se ha enemistado con Dios para no hacer comprender la Verdad. La Verdad toda entera (Jn 16, 13) de esta Tierra se manifestará, para dar a conocer a todos aquellos que no quieren abrir los ojos, para dar a conocer a todos aquellos que no quieren respetar la Ley del Padre, para llevar al pleno conocimiento  todos aquellos que quieren renegar de la acción de María y de Su Hijo».

«Toda honra y gloria a Aquel que todo ha creado (Ap 4, 11). Toda honra y gloria a Cristo, el Rey de los reyes y el Señor de los señores (Ap 17, 14; 19, 16). En esta Iglesia, por medio del Corazón Inmaculado de María, la alabanza al Padre y al Hijo es viva y santa».

La viva acción del Espíritu Santo sopla en el corazón de Sus hijos, para hacerlos más y más esencia y sustancia de la viva presencia del Padre, para imprimir en Su corazón los vivos sentimientos de Alegría, Paz, Sinceridad y Amor, para hacer vivir a todos en la Verdad la realeza de Cristo, Luz de todas las gentes, a fin de que todos aquellos que han perdido el Camino, que es Cristo, puedan arrepentirse y, en el abandono filial al Corazón Inmaculado de María, Hija, Esposa y Madre Fiel, conquistar la Vida eterna.