Los frutos de Amor de la Nueva Jerusalén

 

(Borrador)

La Nueva Jerusalén, la Tierra de Amor elegida por el Padre por la salvación de la humanidad, más y más da y dará sus frutos. Más y más estos frutos se multiplicarán y darán gloria al Padre y al Hijo, para que estos frutos puedan testimoniar con su vida la unión nupcial en Cristo Señor, Pan vivo bajado del Cielo para nutrir todas las gentes.

En esta Tierra de Amor la vida es, la familia es.

«¡Hijos de Dios! Frutos del Amor del Padre. Difundid vuestro amor, difundid el amor que aquí habéis encontrado. Difundid, para purificar otros corazones, para ser nutridos por este vivo e intenso Amor. Amor preparado por acoger y anunciar a todos que aquí, en esta Isla Blanca, en esta Iglesia, los hijos de Dios cotidianamente renuevan su eterno “sí” a la voluntad del Padre, a la llamada, al Amor vivo y santo, nupcial, que en el Hijo es Persona».

Con el vivo Amor de María y con la perseverancia final de cada hijo de Dios esta Iglesia triunfará. La Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén devolverá el orden y la disciplina, la santidad y la Verdad, en esta Tierra y en cada rincón, porque el mundo pueda advertir la viva presencia del Espíritu de Dios. Y con Sus signos muchos exultarán. Y el eco de estos signos alcanzará cada rincón, para que el nombre de Dios y Su omnipotencia puedan acercar muchas almas, corazones para desenraizarlos de las manos del maligno.

Cotidianamente el Corazón de María se llena del Amor de Sus hijos. Por el Amor que el corazón de los hijos nutre hacia María, Ella verte sobre los hijos Su infinita maternidad, Su vivo amor y Su continua cercanía. María está viva. El Corazón Inmaculado de María vive, para hacer triunfar Sus hijos y para hacer triunfar este Misterio de Amor puro y santo, querido por el Padre por Amor de Sus hijos. Éste es lo que los hijos de la Nueva Jerusalén y todos los otros hombre y mujeres de buena voluntad tienen que comprender: la pureza de este Amor, la pureza de esta Casa, la pureza del Espíritu que anima los corazones y hacer ser todos en una única fraternidad, una única familia, que en la Iglesia de Cristo se reconoce, como Su Cuerpo, Su Corazón, Su voluntad.

De fiesta en fiesta esta Casa hará sentir, saborear, gustar, la alegría viva de ser hijos de esta Tierra de Amor, Tierra de Amor, Tierra de Amor. Lo que el mundo pisotea, esta Iglesia hará resplandecer. Donde el mundo no comprende, los hijos de Dios transmitirán su esencia y su sustancia.

La fiesta de María Madre Iglesia y de Sus hijos cada vez más golpeará lo que es podrido que, por consiguiente, caerá.

He aquí la Nueva Jerusalén, adorna para Su Esposo. Y en Su Esposo vencerá y triunfará. Y la Paz será estable sobre la Tierra. Éste es lo que el Padre ha prometido a la Mujer de Dios, lo en el que los hijos de esta Tierra creen y por este viven, para donar a los otros un mundo mejor.