Un Nuevo Reino para aquellos que quieren vivir Dios

 

(Borrador)

Dios Padre es Aquel que es. Dios Padre es el Principio y el Fin, Aquel que ha dado vida a todo. Y todo al Padre está sometido. Como Padre Bueno y Justo, Dios actúa, vive e interviene. El Padre acoge cada santa acción dirigida a poner en práctica Su Voluntad; no acoge cada acción hecha contra todo lo que es contrario a Su Pensamiento. El Padre deja la libertad al hombre de actuar, porque don hecho por Su Voluntad paterna. En el momento en que la libertad del hombre crea perjuicios a la acción paterna, Dios actúa, interviene y pone término.

Dios Padre Omnipotente es aquel que es, Aquel que procede en el Hijo y que a través del Espíritu Santo llega al corazón de todos aquellos que quieren acogerLo, vivirLo para erigirse en el Espíritu. En el mundo hay idolatría, desobediencia, individualismo, rivalidad. Para vivir Dios es necesario contraponerse al mundo. Se debe vivir la fraternidad con respecto a la individualidad; la ayuda reciproca con respecto a la rivalidad del mundo; la fidelidad verdadera con respecto a la desobediencia; el amor total con respecto a la idolatría. Está escrito: «Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas» (Dt 6, 4-5; Mt 22, 37; Mc 12, 29-30). Sólo a Dios se debe el vivo, total y santo amor; la obediencia amorosa. ¡Ay del hombre que levanta otro hombre por encima de Dios! ¡Ay del hombre que se erige por encima de Dios! ¡Ay del hombre que pone la humanidad por encima de la espiritualidad! ¡Ay del hombre que crea desigualdades entre hermanos! ¡Ay del hombre que en detrimento de la fraternidad pone en el primer lugar el “yo”! ¡Ay!

El Padre en esta Iglesia llevará todo a cumplimiento. Lo que ha empezado con el origen de Su Pensamiento, en esta Iglesia se concluirá, que se crea o no. Las Escrituras se realizarán pero la Escritura más bella es la Nueva Jerusalén, inicio y fin, alfa y omega. «Vi un Cielo nuevo y una Tierra nueva» (Ap 21, 1). He aquí la Nueva Jerusalén. He aquí lo que muchos han profetizado y que aquí, en esta Tierra de Amor, se realiza. He aquí: lo que había sido velado, en esta Tierra de Amor es desvelado. En la Isla Blanca, donde el Padre preserva la pureza de la fe, está la clave para quitar todo velo, para comprender la voluntad del Padre, Su ser Dios Uno y Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

He aquí la historia de la salvación, alabada por los ángeles, contemplada por los Santos, que en esta Tierra de Amor vive. He aquí: todos aquellos que viven de potencia humana, ante la omnipotencia divina llegarán a la Nueva Jerusalén para pedir quien ayuda, quien perdón, quien piedad. Nada es el poder humano ante la omnipotencia de Dios. Quien es esclavo del mundo es santo para Dios. Quien osa en el mundo, quien no quiere someterse a todo lo que es mundo, es santo ante los ojos de Dios. Si los hombres tuvieran fe como un grano de mostaza, podrían mover todo (Lc 17, 6). Pero en el mundo la fe es mucho menos.

He aquí la decadencia de este mundo. He aquí la decadencia moral y espiritual. ¡He aquí la decadencia total de esta humanidad, que ya no promueve la fraternidad, ya no promueve la santidad, ya no promueve Dios, Uno y Trino! Sino promueve el egoísmo, promueve la conflictividad moral, espiritual, humana. Promueve la guerra, hecha de solas armas humanas. El Padre actuará. Quien no cree en el Hijo de Dios verá la acción directa del Padre abatirse sobre la humanidad. La viva intervención de Dios se manifestará del Cielo y se propagará en cada pueblo que no cree en Dios, en cada nación que ha puesto en el centro el hombre, en cada casa que ha puesto en el centro la hegemonía humana.

La omnipotencia del Padre inicia para purificar la Tierra y para realizar lo que ha sido anunciado: un reino de Paz y de Amor, para todos aquellos que quieren vivir Dios, creer en Dios, Padre Omnipotente, que ha mandado el Hijo como mártir en esta Tierra para que con Su martirio pudiese rescatar los pecados del mundo, a fin de que la humanidad pudiese arrepentirse para redimirse y reunirse al Pensamiento original del Padre.