¿Dónde está el Rey?
(Borrador)
“¿Dónde está el Rey que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo” (Mt 2,2)
El Rey está aquí. En la Pequeña Cuna del Niño Jesús el Rey ha bajado, ha nacido, para donar a todos la Vida (Jn 17,3).
En la Pequeña Cuna del Niño Jesús hay un Corazón de Niño que late para saciar todas gentes con su Santidad y con su majestad.
He aquí la Luz del Hijo de Dios (Jn 1,9) que en el Día Santo de la Fiesta de la Manifestación aún más manifestará su Amor y su Presencia (Jn 1,18).
En la Pequeña Cuna el Niño Jesús ha bajado para hacernos renacer en su Espíritu que es Vida, Vida nueva (Jn 3,6-8), para donar al mundo entero Su Verdad entera (Jn 16,13), para hacer que todas las gentes de buena voluntad arriben en la Tierra de Amor donde el Hijo del Dios viviente está entre su gente en Espíritu y Vida, para hacer renacer y contemplar a todos el único verdadero Dios, Uno y Trino.
He aquí la Nueva Jerusalén (Ap 21,2), la Madre Tierra que Dios Padre Todopoderoso ha donado a los hombres para regenerar todos a vida nueva, en Cristo, con Cristo y por Cristo. María, Nueva Jerusalén, de la Pequeña Cuna, Tabernáculo del Dios viviente, segunda y última Gruta de la cristiandad, hará renacer en Espíritu y Vida todos aquellos que quieren vivir como hijos del Dios viviente (Jn 1,12), para hacerles saborear la fragancia de su Amor.
He aquí el Pan vivo bajado del Cielo (Jn 6,51) que quiere nutrir y saciar las gentes que, siguiendo la Estrella, María, están y quieren ponerse en camino para adorar a Aquel que es Rey, y poder comprender el Misterio de nuestra vida y el Misterio de su Vida en nosotros.
“Venid, todos vosotros fieles del Dios viviente, y dad gloria al Rey de la gloria (Sal 23,10), para poder estar todos en la eterna Vida, esencia y sustancialmente”.
“Venid y saciaos, porque abundante es su paga y rico su banquete (Ap 19,9)”.
“Venid y acudid, antes de que la oscuridad se abata en el mundo y las puertas se cierren (Mt 25,12)”.
“Dejad toda cosa, vosotros que acudís, para comprender, conocer y amar a la Verdad, para poder ser todos injertados en el Árbol de la Vida (Ap 2,7)”.
“Sed y manifestaos frutos santos del Árbol Santo (Ap 22,2), huyendo de la tentación y de todo pecado, porque grande es el don que el Padre ha donado a nosotros sus hijos, donando la Pequeña Cuna, Pequeña Morada (Ap 21,3) mas gran baluarte de su fe y de su creer en Él como Rey de los reyes y Señor de los señores (Ap 17,14; 19,16)”.