Los Artesanos de la verdadera Fe

(Borrador)

Jesús es el Camino, la Verdad, la Vida. Así como dijo el Maestro a sus Amigos entonces (Jn 14,6). Y nuevamente así como se presenta ahora a sus nuevos Amigos, a todos aquellos que, escuchando su llamado, dejan todo lo que es mundo para hacerse pescadores de hombres (Lc 5,11), para ser los Artesanos de Dios, de su Fe verdadera y auténtica: aquellos que, aprendiendo el arte del Maestro, se esfuerzan para llevar Cristo Amor al mundo entero, a fin de que todos puedan conocer donde habita Dios, donde hoy está su Casa.

Aquí está, su Casa (Ap 21,3); aquí está, su Iglesia, donde una vez más Cristo Señor ha abierto las puertas para acoger a todos aquellos que, alegres y festivos de encontrar el Rey de los reyes (Ap 19,16), quieren entrar, amar, vivir y ser.

Jesús llama a todos (Revelación a MGN, “La Catequesis”). Ahora Jesús necesita la ayuda de todos, de todos aquellos que quieren habitar y adherir a su llamado, a su Proyecto de Amor: Proyecto que el Padre incidió en el Corazón de María (Lc 1,49), Madre suya y nuestra, para acogerLo nuevamente a fin de que Él pueda donarse otra vez más a esta humanidad.

El Amor es el Eje del conocimiento del Padre (Jn 10,30), Aquel que ama y que se deja amar. Éste el mundo necesita: el verdadero Amor, para poder ser nutrido en la esencia y en la sustancia; no un amor hecho de un buenismo vacío, sino un Amor verdadero y esencial: su Persona y su Obra.

He aquí que la Madre Iglesia dirige hoy a los hombres de buena voluntad, haciendo amar y conocer a Cristo como Él es, para que todos aquellos que llegarán en la Nueva Jerusalén puedan verLo y vivirLo, en la esencia y en la sustancia. La Nueva Jerusalén es el Oasis de Amor, el Rincón de Paraíso en Tierra (Ap 21,2) que el Padre ha guardado para Él, para manifestarlo en el último tiempo que le ha concedido a la humanidad, donde se habría derrotado la última muerte (Ap 2,11; 20,14), para hacer triunfar y hacer confluir todos sus hijos y los hombres y las mujeres de buena voluntad en la eterna Vida.

En estos últimos tiempos los hijos de Dios tienen que ser operosos: actuar como el Maestro les ha enseñado. Amigos, no siervos (Jn 15,15). Y los Amigos conocen bien las enseñanzas del Maestro. Los Amigos han podido experimentar y aprender su Arte: su forma de pensar, amar y actuar.

Ha llegado el tiempo, y es este, en el que cada uno, siguiendo el ejemplo del Maestro, tiene que ser operoso para llevar nuevamente su Evangelio al mundo entero (Mc 16,15), con un ejemplo de vida recto y correcto, queriendo vivir como Santos, para ayudar a todos a vivir el Señor como Él es y no como otros, que Lo han traicionado, quisieran ahora representarlo y hacerLo conocer.

Los Artesanos de Jesús, sus Pescadores de almas (Mc 1,17), escuchando su Palabra, reconocen a su Voz (Jn 10,14-17) y proceden sin demora con obediencia viva y Amor, para exornar nuevamente los fundamentos de la verdadera Fe en el único Dios. He aquí la maestría de los hijos de Dios llamados por el Hijo para adherir a la voluntad del Padre, para volver a adornar su Fe otra vez más, la Fe en Aquel que salva (Lc 3,6), para hacer que el mundo comprenda la sencillez, la frescura y la autenticidad de creer en el Hijo de Dios.

Este es lo que debe más y más traslucir en el Rincón de Paraíso en Tierra, para donar la verdadera Fe al mundo entero, nueva y renovada (Ap 3,12), a fin de que llegando en la Nueva Jerusalén muchos puedan comprender aquel Cuadro Santo que es la Fe en Cristo Señor, desde su Nacimiento a su Renacimiento ahora en el corazón de todos; desde la invitación de María eterna Esposa en la Anunciación del Ángel (Lc 1,28), a la Mozuela de Dios que ha acogido el Anuncio de salvación para donarlo al mundo entero (Revelación a MGN, “El Retorno de Jesús”).

En la Nueva Jerusalén Cristo es el Vástago (Is 11,1; Ap 5,5) que nuevamente crece en el corazón de sus hijos que Lo acogen y Lo aman con todo el corazón.

Esta es la verdadera Fe en Cristo Señor, que ahora hay que vivir y encarnar en el corazón de todos, en aquella sencillez desarmante que hace caer todo engaño que muchos apóstatas y traidores de la verdadera Fe (Ap 21,8) han insinuado en el corazón de muchos, apuñalándolos espiritualmente por el corazón y por la espalda, causando la muerte espiritual de muchos – demasiados – hijos de Dios que en buena fe confían y han confiado en muchos lobos vestidos de ovejas (Jer 23,1-2; Mt 7,25).

No es esa la verdadera Fe en Cristo Señor. No es esa la manera de creer en su Santo Nombre. Creer en el Señor Jesús, creer en su Santo Nombre que salva, significa ser niños en el corazón y quererse dejar plasmar, acariciar y renovar por el Amor del Padre, para acoger su Plan de Amor y de Redención, así como el Padre lo ha pensado y querido poner en marcha (Gl 3,5).

Si la Ley del Padre hubiera sido escuchada, cumplida y puesta en práctica en la totalidad, habría dado frutos santos: Orden y no desorden; Paz y no guerra, Amor y no infidelidad. Pero los hombres otra vez más no han querido escuchar su Ley (Ez 3,7) y el Padre tuvo que buscar por otras partes las Columnas de su Iglesia, para refundarla en su Espíritu. He aquí la venida de Cristo Señor, ahora como entonces (Revelación a MGN, “El Retorno de Jesús”), para restablecer el Orden y volver a llevar el Amor y la verdadera Fe en el centro de todo y todos.

Jesús llamó a sus primeros Amigos – gente humilde, en gran medida ignorantes de las Sagradas Escrituras (Revelación a MGN, “La Catequesis”) – plasmándolos todos en su Amor, haciéndoles “las” Columnas de la verdadera fe, a las cuales todos entonces se aferraron y a las cuales muchos, hoy también, habrían podido y debido aferrarse, para mantenerse fuertes y firmes en la Verdad (Jn 15,9) durante la tempestad y la borrasca de la Gran Apostasía que se ha abatido sobre este mundo (2Ts 2,3).

He aquí que nuevamente el Padre ha enviado al Espíritu de Cristo en el mundo (cf. Jn 1,33), para reconducir a todos – en la unión total de alma, corazón y espíritu – a Aquel que es el Camino, la Verdad y la eterna Vida.

He aquí el Misterio del Dios Niño nacido, bajado (Revelación a MGN, “El Retorno de Jesús”) y que todo lleva a cumplimiento para vencer y hacer vencer el Padre, Aquel que todo ha creado y que todo cumple.

La última Pesca ha empezado y la última Red se echa (Lc 5,5) y retira para los últimos Peces (Jn 21,11) que seguirán nadando en la Pila de Amor, que el Padre ha puesto en la Nueva Jerusalén, para contrastar la acción infiel de otros que han echado otras redes para encauzar y sofocar muchos Peces, para que no sean más santos y para que no naden y vivan en la Pila del Espíritu Santo.

He aquí los adoradores de Dios en Espíritu (Jn 4,24) y Vida (Jn 6,63). No una vida hecha de apariencia, sino la vida esencial y sustancial de quien vive con pureza, humildad y obediencia, para manifestar y mantenerse aferrados con tenacidad, amor y fidelidad a la única Roca (Mt 7,24): Cristo Camino, Cristo Verdad, Cristo eterna Vida.