Restaurados en el corazón para ascender en María

 

(Borrador)

El Niño Jesús ha bajado en la Nueva Jerusalén para atraer todos a Él y restaurar todos en el corazón (Mt 11,28). María, Aquella que Lo ha sabido acoger en el Corazón, nos invita con la gracia del Padre a pasar por su Corazón de Madre para ser purificados y restaurados en el corazón, para poder amar a Dios con todas las fuerzas (Mt 22,37) y ascender en María, con María y por María.

Encomendándose a María cada hijo podrá vivir en el corazón el Signo de la Restauración viva (Revelación a MGN, “Nunca estás sola”, 28/10/1985), para poder penetrar más y más el Misterio de la Nueva Jerusalén, injertado en el Árbol de la Vida (Ap 22,14) que conduce todos a vivir el Eterno Padre.

La Restauración del corazón sea para cada hijo Fuente de Vida, Fuente inagotable del Amor de Dios que penetra y horada los corazones para hacerlos renacer a Vida nueva (Jn 3,3), aquella Vida prometida por el Padre que se entreabre a los hijos para hacerles conocer su profunda Voluntad de Padre, de Hijo y de Espíritu Santo, a fin de que puedan vivir cada día sólo y únicamente para meditar, conocer y definitivamente hacer la voluntad de Dios, que en la Tierra de Amor se manifiesta en la totalidad.

El sentimiento de la Restauración (Hch 3,21) tiene que llevar cada hijo de Dios a vivir más y más la Espiritualidad del Misterio de Dios, para poderLo comprender, para encarnar cada vez más las virtudes del Dios Niño, para ser cada vez más a imagen y semejanza de Aquel que es (Gn 1,26) y vivir el verdadero Amor (Jn 15,12), santo y justo, vivo y total (Rom 8,35).

La Madre Iglesia quiere infundir en el corazón de cada hijo la concienciación de lo que se vive, a fin de que cada hijo de María pueda ser fuerte, santo y veraz; y para que el Pueblo Santo de Dios pueda más y más crecer y manifestarse en Sapiencia y Sabiduría (Sal 48,4), para ser un Cuerpo solo y una sola Alma (Ef 4,4) que late en el único Corazón, con el único Corazón, por el único Corazón, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Restaurados en el corazón en María, con María y por María los hijos podrán contemplar y vivir el tiempo de la “Ascensión Mariana”, para vivir la plena comunión de corazón, alma y espíritu con la Asunta, Aquella que, haciéndose Sierva de su Señor (Lc 1,38), muerta al mundo y el pecado, ha sido coronada Reina del Cielo y de la Tierra, Corredentora de sus hijos (Decreto Pontificio, “En María, con María, por María”, 22/12/2019).

Injertados en María para llegar a ser Uno con su Corazón Inmaculado, los hijos de Dios vencerán todo lo que es mal y pecado, para vivir en la plenitud en un día eterno de Amor y Luz, Espíritu y Vida (Jn 6,63), para vivir ya ahora como resucitados en Cristo, con Cristo y por Cristo (Ap 20,6).