Con Marìa para vencer al mundo

 

(Borrador)

María es la Madre de todos los hijos de Dios, de todos aquellos que quieren adherirse al Proyecto de Redención por la gloria y en honor al Padre (Revelación de Jesús a María G. Norcia, “María, me consagro a Ti”, 10/03/1986): el Padre Bueno y Santo, Bueno y Santo, Bueno y Santo. He aquí esta Casa, Iglesia, Iglesia de María, que más y más dará a conocer la Bondad del Padre (Sal 25,3), único y eterno Padre. En la Pequeña Cuna del Niño Jesús, Su paternidad está viva: viva Su dulce Presencia, viva Su Huella paterna.

Esta es la Iglesia que encauza a las gentes, la Iglesia donde todas las promesas del Padre se cumplen, la Iglesia del Cumplimiento, último y eterno Cumplimiento (Lc 9,31), que donará la Salvación: a cuantos la buscan; a todos los que han mantenido la fe en el nombre del Dios verdadero; a cuantos, por causa del nombre de Dios, fueron perseguidos en el cuerpo y en el espíritu.

María aquí acompaña a quien quiere atravesar la Puerta que conduce a todos al Corazón del Padre (Acto de Magisterio, “María, la Puerta Santa de los hijos de Dios”, 24/12/2024). Esta es la Puerta que atraviesan los santos (Revelación de Jesús a María G. Norcia, “La Divina familia y la Escalera de Oro”, 25/12/1988), aquellos que han mantenido puras las vestiduras (Ap 7,9), purificadas por medio del Espíritu, santificadas por medio de la Acción del Hijo del Dios Viviente, que aquí está vivo y verdadero.

Esta es la Casa de las ovejitas santas que quieren pertenecer al único verdadero Dios (Jn 10,16). No hay lugar para los cabríos. Este es el Patio de la Iglesia de Cristo. Este es el Patio de la Iglesia de María que, como Madre, está delante de la Puerta, para alejar a cada cabrío: dispersarlo y vencerlo, porque el tiempo concededles se ha acabado.

Esta es la Puerta atravesada por los santos: santos vivos y vivientes. He aquí la Iglesia refundada sobre la Roca, donde el Niño Jesús nuevamente ha nacido para ser adorado como único Pastor, Unigénito Amor (Jn 1,14). He aquí la Luz, he aquí el Sol que ilumina e irradia la eternidad. Delante de este Trono (Ap 4,2-3) todos se arrodillarán proclamando Su Nombre. Delante de este Trono Él pacerá Su Rebaño, secará toda lágrima, donará toda confianza.

Viva estará la alegría de los hijos de Dios al mirar Sus ojos y ver Su sonrisa y recibir Su realeza. He aquí los hijos de estirpe real (1P 2,9). Todos serán sometidos a Su Voluntad y Poder, a Su Omnipotencia.

He aquí María, Hija, Esposa y Madre, Aquella que quiere imprimir en el corazón de Sus hijos el Amor, para donar a todos Su linfa vital, Su viva voluntad para seguir viviendo y amando a los hermanos, para vencer al mundo, a fin de que otra vez más el pequeño David venza al mundo. Y en María, con María y por María el mundo ya es vencido (Decreto Pontificio, “En María, con María y por María”, 22/12/2019).