En María el pensamiento del Padre vuelve al origen

 

(Borrador)

En María las palabras del Padre se han cumplido. Quien llega a la Nueva Jerusalén y pide con corazón sincero, obtiene las gracias que el Padre ha prometido derramar. En la Tierra de Amor donada por el Padre a la humanidad muchos corazones han sido curados. La acción del Espíritu Santo que en la Nueva Jerusalén está vivo ha curado, cura y curará muchos corazones. Fiesta en Cielo, liberación por muchos corazones.

Todos aquellos que ponen el pie en la Tierra de Amor abriendo su corazón entran en comunión con el Padre que, por obra del Espíritu Santo, habla, nutre, salva. Ellos experimentan Su Amor para poder vivir una santidad verdadera y profunda, para poder comprender Su Amor de Dios.

María se alegra por cada hijo que, con confianza y abriendo el corazón, llega a la Nueva Jerusalén, el Centro de la Misericordia del Padre. Grande es el cuidado del Padre por salvar aquellos que, reconociéndose pecadores, ante el vivo Tabernáculo del Espíritu Santo piden perdón y vuelven a la verdadera vida. Grande es la fiesta en Cielo por cada pecador que se convierte.

Éste es lo que la Madre Iglesia hará. Quien vive el mundo está atento a las sirenas de este mundo. Quien vive Dios oirá el sonido de los trombones de los ángeles del Padre, que en la Madre Iglesia llama a reunirse a todos Sus hijos para anunciar nuevamente el Camino, la Verdad y la Vida. En María todo se cumple. Con María todo se cumple. Con María todo se recapitula. Por María todo vuelve al Pensamiento original del Padre.

Este es lo que estaba en el Corazón puro de María y que María, en Su viva oración, ha incesantemente pedido al Padre: volver al origen, para hacer que Su Pensamiento pudiera ser comprendido, vivido y puesto en práctica por los hijos de Dios que en la Tierra de Amor, en la Isla Blanca, en la Nueva Jerusalén, por Su llamada, llegaban, llegan y llegarán.

En este día la gracia está viva. Grande es la fiesta que se celebra en Cielo. La intercesión de María está viva. Muchas son las cadenas que se disuelven. Y el ruido de las cadenas que caen resuenan. Muchos son los pecadores que se convierten y vuelven a vivir en Cristo. Muchas plagas están curadas. Todo se sabrá. Y los signos del Padre, donados a los hijos por intercesión de María, serán vivos y tangibles.

«¡Oh vosotros que os profesáis saberlo todo! ¡Oh vosotros que os anunciáis como aquellos que conocen al Padre! ¡Oh vosotros que decís ser aquellos que respetan la ley del Padre! ¡Todos vosotros que sois aferrados a la tradición y que seréis listos en hacerlo todo por esta! Todo perderéis, porque en la Tierra de Amor, en la Nueva Jerusalén, soberana es la libertad, viva está la ligereza espiritual».

María custodia en Su Corazón el corazón de cada hijo que el Padre Le ha encomendado. Lo custodia a fin de que cada hijo sea consagrado en la Verdad. Nadie debe osar separar el Corazón de la Madre del corazón del hijo. María todo y todos conoce. Conoce bien aquellos que antes han arrojado la piedra pero que ahora dicen haberLa acompañada, respetada. De estos conserva el vivo recuerdo. Y les espera. María todos aguarda y todos espera, para dar la justa alegría y recompensa a todos aquellos que han permanecido fieles al Misterio de Amor, a todos aquellos que viven, aman y perseveran.

María infunde en el corazón de Sus hijos Su seguridad, Su fiereza y Su alegría. La Misa está viva, continua y palpitante. El Espíritu de Cristo está vivo. Este es lo que los hijos de la Madre Iglesia, Nueva Jerusalén, han recibido. He aquí la comunión: tener el Espíritu, nutrirse del Espíritu, saciarse de Su agua viva, de sus palabras, nutrición esencial del corazón y del alma. Quien quiere seguir viviendo el Misterio divino queriéndolo comprender sólo con la razón perderá el gusto de vivir el Misterio, porque no comprenderá su esencia. Quien abre el corazón comprenderá el infinito Amor que brota de Su Corazón, porque el Amor está vivo, es santo, es Persona.

Ahora como entonces, la humanidad es de dura cerviz. Alega pretextos para hacer comprender al mundo que no se sigue la doctrina cristiana. Pero muchos han olvidado que la doctrina es el Espíritu de Cristo. Todo está sometido al Espíritu del Padre. No hay tradición ante la viva acción del Espíritu de Dios. Pertenece al mundo la tradición. El Espíritu Santo es libre de animar, renovar y hacer vivir esencialmente la Misa. La Misa: el coparticipar a la acción del Salvador.

«¡Alégrate, Pueblo santo de Dios! Exultad vosotros pequeños, porque habéis hallado gracia ante vuestro Señor. El Espíritu del Señor guía Su pueblo. Él pacerá Su rebaño y con cetro de hierro gobernará (Ap 12, 5; 19, 15). Su cetro será rama de olivo (Gén 8, 11) por los Suyos; y será hacha (cf. Mt 3, 10-12) por quien contrasta Su acción».

Total es el Amor de María hacia Sus hijos. Viva es la cercanía de María de María por todos aquellos que en la Madre Iglesia se revén y a la Madre Iglesia donan su corazón. María, la humilde Mozuela que inclina la cabeza ante Su Señor, Aquella que con obediencia amorosa sirve el Rey de los reyes, siempre intercederá ante el Padre por Amor de Sus hijos fieles, aquellos que en este santo día a Ella se encomiendan para cumplir hasta el final Su Voluntad: «Me encomiendo a Ti. No me dejes solo. Haz de mi lo que Te guste. Hágase Tu Voluntad».