Iglesia 2018-03-09T14:24:23+00:00

Iglesia

La Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén es “cristocéntrica”.

Cristo, venido en el mundo para hacer que la cristiandad vuelva a ser eje esencial de la vida de cada hijo, a fin de que la obra de descristianización de los pueblos pueda encontrar en esta Iglesia el verdadero baluarte y sea vencida, manifestando: viva obediencia al Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo; y santa participación y viva voluntad de manifestar al mundo la Luz, que es Cristo. Y la santa Madre Iglesia, Su Esposa fiel, acoge cada hijo y cada hombre y mujer de buena voluntad que en Cristo quiere vivir, practicar y casar la voluntad del Padre.

Espíritu que anima la Iglesia

La Iglesia de Cristo es imperecedera y eterna. El Padre re-establece Su Alianza, Nueva Alianza, Única Alianza, con la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén, por medio de Su Hijo, donado a la humanidad para volver a levantar la cristiandad y volver a colocar en el centro la voluntad del Padre, el Pensamiento del Padre, la Vida, don esencial para cada corazón.
La Alianza es imperecedera y eterna.

La Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén, cumplimiento final del Proyecto del Padre, nace porque los hombres han traicionado el Padre, el Espíritu del Padre, negando Sus acciones y Su presencia.
Así como ha sido en el pasado, nuevamente es.
Si hubiera sido acogido el Espíritu del Padre que era en Jesuscristo, sólo habría existido la cristiandad verdadera, Santa y total. A pesar de esto, quien adhirió al Cristianismo, nuevamente ha traicionado el Espíritu.
He aquí que nuevamente el Padre, en Su infinita misericordia, en Su Hijo nuevamente manda el Espíritu para hacer que, una vez para siempre, reine la Verdad, pura y santa.

La Nueva Jerusalén está animada por el Espíritu Santo y es expresión del Padre.

La Nueva Jerusalén, viva, santa y fraternal, está unida por el Espíritu, que quiere penetrar los corazones de los hijos de Dios y donarles nuevamente la dignidad del Padre, para poder finalmente ser y manifestar la luz de Cristo.
En la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén todo es y deberá ser renovado, en el Espíritu de santidad.
La Nueva Jerusalén es Cuerpo de Cristo. A fin de que sea reconocida como tal, aquellos que quieren vivir la comunión con Cristo y María, deben despojarse totalmente de sí mismos y ser revestidos de la luz de Cristo. Esto conlleva sacrificio, pasión y metamorfosis total de la propia cotidianidad que debe ser santa: no más una cotidianidad humana sino divina que, en el abandono total a la voluntad que el Padre pide, es Vida.

Cotidianamente el Padre manifiesta Su voluntad, que está viva y presente en el Corazón del Hijo. Una voluntad que ahora, en el momento en que hay plena aceptación, debe ser practicada, para transmitir los valores cristianos, aquellos valores que la iniquidad querría destruir, anulando el sacrificio del Hijo de Dios, anulando la fidelidad en Cristo Salvador, anulando totalmente la paternidad del Padre, porque cambiando una sola coma de la Palabra de Dios todo se confunde.
La confusión reina en muchos corazones, la confusión reina fuera de la Nueva Jerusalén. Y los ciudadanos de esta Tierra, Madre Tierra, Nueva Jerusalén, deben ser testigos ardientes de la cristiandad.«Haz de mi lo que Te guste. Hágase Tu voluntad».
Siguiendo el ejemplo de María, Hija obediente, Esposa Fiel, Madre Universal, con este espíritu cotidianamente nos dirigimos al Hijo de Dios, para ser en camino por la eternidad y vivir eternamente el Árbol de la Vida, Cristo Vida, Vida eterna.

Finalidad de la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén es llevar a cumplimiento el Plan de Amor y de Redención para la gloria y en honor a Dios Padre Omnipotente. La santa Madre Iglesia deberá hacer resplandecer nuevamente la esencia cristiana y, por consiguiente, el sentido de la fraternidad del Dios Uno y Trino.

Nuevamente la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén deberá hacer aflorar en el corazón de cada creyente la belleza de vivir la espiritualidad, que cada vez más deberá crecer y aumentar, para hacer disminuir lo que es humanidad.

 

La misión de la Iglesia es la de promover y hacer practicar el verdadero culto y el verdadero servicio al Dios Uno y Trino: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Como consecuencia, cada hijo de Dios y cada hombre y mujer de buena voluntad deberá vivir y hacer vivir los “Diez Mandamientos” y las enseñanzas auténticas y el ejemplo de vida donada a nosotros por Cristo y María, Cristo y María, Cristo y María, en Su manifestación esencial y sustancial en la historia. Entonces “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, a fin de que la fraternidad en Dios y entre hermanos sea viva y verdadera.

Centro de la misión salvadora de la Iglesia Universal es:

  1. la Familia, primera iglesia doméstica, formada por la unión, en Dios indisoluble, entre un hombre y una mujer, así como concebido por Dios Padre desde el principio.

  2. la Sacralidad de la Vida, don del Padre a la humanidad, que como tal debe ser defendida y preservada desde la concepción hasta el final de su natural conclusión.

En estos tiempos duros y difíciles que la humanidad está viviendo está en curso una acción malvada que quiere desmoronar la familia y que quiere hacer que la unión nupcial entre un hombre y una mujer ya no tenga que ser vivida como la verdadera unión, querida por Dios.

Como consecuencia de esto esta Iglesia quiere dar total prioridad a la familia, incluso por parar, bloquear y atajar la acción maléfica que otros, que se proclaman cristianos, están favoreciendo.

La sacralidad de la vida, sumo don de Dios Padre a la humanidad, debe ser preservado con todas las fuerzas. El egoísmo humano no puede predominar sobre el Pensamiento original de Dios.

Por razón de esto, esta Iglesia combatirá para defender los pilares fundamentales de la Creación.

Doctrina de la Iglesia

  1. Dios es Uno y Trino;

  2. Dios Padre Omnipotente es el Creador de todas las cosas;

  3. Cristo, Hombre Dios, es el Hijo Unigénito del Padre, el único Salvador del mundo;

  4. El Espíritu Santo, Amor sustancial del Padre y del Hijo, es Dios, que procede del Padre y del Hijo

  5. María es Hija, Esposa y Madre de Dios, Inmaculada por obra del Espíritu Santo, Asumida al Cielo, Corredentora y Reina del Cielo y de la Tierra

La Ley fundamental para cada cristiano es el Mandamiento del Amor de Jesús, que abraza las Leyes fundamentales dictadas por Dios Padre a la humanidad: “Los Diez Mandamientos” (o Decálogo).
Dice Jesús: “El primero [Mandamiento] es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. “El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos” (Mc 12, 29-30).

Como consecuencia de esto, cada cristiano perteneciente a esta Iglesia obedecerá amorosamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, acogiendo en el corazón y poniendo en práctica todo esto: «Ama el Señor tu Dios con todo ti mismo, con todas tus fuerzas, respetando Su ley y sometiéndose a Su voluntad, para poder vivir en Cristo, por Cristo, con Cristo; y acoger el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo, que en el Corazón materno de María lleva y dona a todos la Vida, Una, Santa y Universal».

Éste es creer en Cristo, creer en el Dios verdadero, Uno y Trino, expresión de la esencia y de la sustancia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Respetando estas normas fundamentales se cree en Cristo, se cree en el Dios verdadero, Uno y Trino, expresión de la esencia y de la sustancia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Las virtudes fundamentales, pilares de la fe cristiana, son:

  1. Pureza,

  2. Obediencia

  3. Humildad

Los hijos de Dios están llamados a ser listos para hacer la voluntad de Dios, de manera que Cristo les ilumine y les purifique sobre el camino de la perfección.

Las virtudes más bellas para cada hijo de Dios y para cada hombre y mujer de buena voluntad son: la pureza, la humildad y la obediencia.

Las virtudes de la pureza, de la humildad y de la obediencia son indivisibles.

No hay humildad si no se es puros. Y no se puede ser puros si no se es obedientes.

La obediencia hace ser perfectos y verdaderos: en la obediencia está la caridad y el amor hacia Dios y hacia el prójimo.

Con la pureza cada hijo levanta la propia mirada a Dios, contemplando Sus maravillas.

La humildad finalmente es la fase central de las otras virtudes.

Los Principios rectores que caracterizan los cristianos que libremente eligen adherir a esta Iglesia son:

  1. Santidad

  2. Rectitud

  3. Fidelidad

La Santidad, la Rectitud y la Fidelidad deben ser vividas en la cotidianidad, para poder ser en la propia vida verdaderos hombres y verdaderos cristianos, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, verdadero Hombre y verdadero Dios.

Entonces, Santidad, Rectitud y Fidelidad se deben manifestar: (1) a Dios; (2) a los Hermanos; (3) a sí mismos.

Haciendo esto se es verdaderos hombres y verdaderos cristianos. Se muestra respeto hacia Dios y hacia el prójimo. Se vive la fraternidad. Se es fieles y santos. Al hacerlo se comprende, se pone en práctica, se vive y, por consiguiente, se testimonia con el propio ejemplo, el Mandamiento del Amor que Jesús, verdadero Hombre y verdadero Dios, ha vivido y testimoniado con la propia Vida a la humanidad: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Amarás a tu prójimo como a ti mismo». (Mc 12, 30-31).

Pilares fundamentales para vivir cotidianamente la cristiandad auténtica son

  1. la oración

  2. la fraternidad

Para cada cristiano la oración debe ser viva. La oración que aleja todo pensamiento impuro, la oración viva que aleja las tentaciones, la oración viva que hace acercar a Dios.
Cada cristiano debe redescubrir la fuerza de la oración, para vencer las cadenas del mundo, para vencer contra sí mismos, remitiéndose con obediencia amorosa a la voluntad del Padre, que a través del Hijo, Cristo Salvador, se manifiesta. «Tuya es la gloria, Tuya es la potencia por los siglos» (Ap 4, 10-11; 7, 12).

La fraternidad y la paz entre los hermanos, y por consiguiente entre los pueblos, es centro de la misión salvadora de esta Iglesia. Cada cristiano y cada hombre y mujer de buena voluntad debe redescubrir el sentimiento de la fraternidad que el Dios, Uno y Trino, encarnándose, ha transmitido y manifestado a la humanidad.

Organización

El Consejo Espiritual tiene la tarea de administrar, con vivo espíritu de servicio y en la verdadera fraternidad, la Iglesia, coadyuvando al Sumo Pontífice en su ministerio de guía de la Iglesia Universal, para unir espiritualmente el corazón de los fieles al Corazón de Cristo y de María y conducir todos al Corazón del Padre.

✣ Samuele

El Consejo Espiritual tiene la tarea de administrar, con vivo espíritu de servicio y en la verdadera fraternidad, la Iglesia, coadyuvando al Sumo Pontífice en su ministerio de guía de la Iglesia Universal, para unir espiritualmente el corazón de los fieles al Corazón de Cristo y de María y conducir todos al Corazón del Padre.

El Comité Pastoral coadyuva al Consejo Espiritual en la ejecución de sus funciones, a fin de administrar y gestionar las actividades de la Iglesia con el espíritu de servicio que debe distinguir la acción de sus componentes, para poder de esta manera siempre satisfacer las exigencias de la Iglesia Universal en las distintas realidades territoriales que la animan y que en el tiempo la determinan y la caracterizan.

La Asamblea se constituye de todos los fieles de la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén. Los fieles que, animados por la sincera voluntad de formar parte de ella y por la viva voluntad de respetar Sus fundamentos y Sus principios espirituales, son acogidos cuales miembros vivos de la Madre Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, para manifestar la esencia y la sustancia de ser “Ecclesia”, Asamblea de los creyentes en Cristo.

Dicasterios

Responsable Nello Migliaccio

Responsable Alessandro D’Argento

Responsable Patrick Manfredi

Responsable Pasquale Laezza

Ministro de Dios

El ministro de la Iglesia es portavoz de Dios, testimonio directo del Padre. El ministro no se pone por encima de los otros, sino que como hermano entre los hermanos tiene el deber de llevar Dios a todos.

Todo debe ser reconducido al origen. En el momento en que todo se vive y se practica en el equilibrio que el Padre ha manifestado, todo se sigue viviendo según la esencia cristiana, sin querer exasperar o aportar modificaciones personales a lo que el Espíritu sugiere.

Hay que ser, como siempre en esta Iglesia está dicho, primero hombres y luego cristianos, verdaderos y auténticos. El cristiano verdadero y auténtico se caracteriza en la cotidianidad. Los hijos dilectos de Dios, aquellos que están consagrados a Dios y por Dios están llamados a desempeñar el deber arduo de ser testimonio directo del Padre, ministros del Padre, no se sustraen de lo que aúna todas las gentes. Pero poniendo en práctica el equilibrio y poniendo en el centro la familia, primera Iglesia, primera expresión de la Iglesia cristiana, se donan, cumplen y testimonian a Dios en la plenitud.

Por consiguiente, en el momento en que en cada uno reina el equilibrio (con Dios, con los hermanos y con si mismos) y se da la prioridad a la llamada, con voluntad y corazón todo se puede cumplir. Al hacerlo, se reconduce la espiritualidad en el centro de la vida de cada cristiano. Se reconduce a vivir una celestialidad que dona en la cotidianidad la esencia para poder practicar y vivir la celestialidad.

Por consiguiente, la variedad de las llamadas se manifiesta.

  1. Quien llamado a ser testimonio directo del Padre, ministro de Dios, viviendo en primera persona la familia, dando el propio aporte en familia, para poder testimoniar Dios con la familia;

  2. Quien llamado a ser testimonio directo del Padre, ministro de Dios, singularmente, para dar testimonio que en Dios todo se puede, viviendo, por consiguiente, la humildad, la continencia y la santidad.

Al hacerlo, respondiendo plenamente a la llamada de Dios y testimoniando directamente Dios en la cotidianidad con coherencia y santidad, se vive plenamente el Reino de Dios, donado desde ahora por el Padre a los hijos, para luego poderLo vivir en la plenitud, cuando se será en la Vida plena.

Adán, el primer hombre, era directo testimonio del Padre, entonces ministro de Dios. En estos tiempos finales se debe reconducir en el centro el Pensamiento original del Padre: hombre y mujer les creó (Gén 1, 27; 5, 2; 6, 19), para ser una única cosa y juntos servir a Dios. Y el Padre en origen dijo: «Id y multiplicaos» (Gén 1, 22.28; 9, 1.7).

Por otra parte, no se pueden forzar aquellos que no tienen esta aptitud a vivir necesariamente en pareja. Por esto Jesús ha sugerido, aunque sin abolir lo que el Padre había establecido. Lo que para todos debe ser importante es vivir en el corazón la espiritualidad verdadera y auténtica, con coherencia y santidad, siendo conscientes que, en todo caso, es necesario respetar la propia condición de vida de pareja o en la singularidad. Con determinación santa este es lo que necesariamente hay que respetar.

En una o en la otra condición, las prioridades para vivir para todos deben ser: Dios; Familia; Trabajo.

 

 

 

 

 

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