La huella del Dios verdadero

 

(Borrador)

En el día del Señor viva está la Presencia del Espíritu de Dios en la Iglesia de Cristo.

En el día del Señor la gracia de María, Madre Iglesia, dona al corazón de los hijos de Dios Amor, el verdadero Amor; serenidad; armonía, para poder transmitir la armonía de esta Casa; y poder hacer vivir a todos la fraternidad verdadera.

En la Pequeña Cuna del Niño Jesús, el Tabernáculo viviente de Dios entre los hombres, arde la Flama de Dios, que manifiesta la viva presencia del Padre entre los hombres. La Flama del Padre recalienta los corazones, purifica y hace comprender a cada corazón animado por la buena voluntad la autenticidad cristiana, la autenticidad en el único Dios, que ha mandado Su Hijo por Amor.

He aquí el Amor de un Padre vertido sobre todos Sus hijos. Un Amor verdadero, puro, santo, tangible a quien se abandona y se deja permear por Su bálsamo vivo, para hacer que cada corazón pueda reconocer la huella del Dios verdadero: una huella viva, la huella que nadie jamás puede borrar.

Esta huella (Hb 1, 3-4) es el Signo de la presencia de Dios y de la Alianza establecida por Dios con esta Casa, Una, Santa, Universal.

Nuevamente David derrotará a Goliat (1Sam 17, 48-51), porque en los pequeños está la sabiduría de Dios, en los humildes está el temor de Dios; en sus acciones está la mano del Hijo.

Día tras día, la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén hará comprender la Verdad. Día tras día las conflictividades y el desequilibrio del mundo se disolverán ante la santidad, el orden y el equilibrio que proviene de Dios, Padre Omnipotente.

En la Casa de los hijos de Dios el Espíritu sopla, el Espíritu está vivo, el Espíritu avanza.

María, la Madre universal, la Reina de la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén dona Su Corazón, Su viva oración, Su inmenso Amor a todos los hijos de Dios que, siguiendo la Estrella, querrán “venir y ver” (Jn 1, 39), para vivir Dios en Espíritu y Verdad, a fin de que adorando el Niño Jesús, que en la Pequeña Cuna del Niño Jesús está vivo, muchos puedan con tiempo reconocer el engaño de otra casa que, privada del Espíritu Santo por el Padre, ya no conduce los cristianos a la salvación.

Los verdaderos hijos de Dios, reconociendo la viva huella, el Signo, que el Padre, a través del Hijo, ha donado a la humanidad, viven para hacer triunfar el Corazón Inmaculado de María y llevar a cumplimiento el Proyecto de Salvación del Padre, que en María, Madre Iglesia, Esposa Fiel, se cumple.