La Libertad donada por el Padre
(Borrador)
La Libertad del Padre es hacer vivir en la verdadera fraternidad los hombres y las criaturas, creadas por el Padre, llegadas a ser hijas, por medio de la sangre del Hijo de Dios, que no obstante Su Sacrificio salvador, ha sido incomprendido, canjeado, escarnecido.
La Libertad del Padre hace santos. La Libertad del Padre dada a los hombres concedía la filiación, no la sujeción al príncipe de este mundo. La Libertad en su verdadero significado lleva a ser pequeños Jesús, verdadero Hombre y verdadero Dios. Este es el verdadero significado de la Libertad donada por el Padre. A éste conduce la verdadera libertad de Dios, si utilizada de la manera santa, si comprendida en el íntimo. En el principio se estaba libres de contemplar el rostro de Dios, dialogar, vivir.
Hoy la libertad que el Padre ha donado a los hombres ha sido hostigada. La libertad que el Padre ha donado a los hombres ha sido mal comprendida. La libertad que el Padre ha donado a los hombres ha sido sacada a muchos.
Con la Nueva Jerusalén el Padre quiere volver a donar al mundo la originalidad de Su Pensamiento y renovar todas las cosas. En la Tierra de Amor elegida por el Padre todo será reconducido a la originalidad inicial. Y todos aquellos que se abandonarán a la voluntad del Padre experimentarán la verdadera libertad. Siguiendo el ejemplo de María, la humilde y eterna Mozuela de Dios, los hijos de Dios volverán a donar nuevamente al Padre la libertad a su vez recibida, encomendándose al Padre, remitiéndose a Su Voluntad. «Señor, haz de mi lo que Te guste, hágase Tu voluntad». Y siguiendo el ejemplo de quien el Padre ha llamado, a una voz el pueblo de Dios proclamará «A Ti mío Señor, ofrezco mi vida, mi cotidianidad. Hazme partícipe de Tu Amor para poder vencer en Tu Nombre».
Todo esto, para muchos, es una fábula. Todo esto, para muchos, es irrealizable, porque se ven los límites de este mundo que están lejos del Centro de la Misericordia infinita de Dios, que el Padre ha donado a los hombres en la Tierra de Amor. Una Misericordia viva, verdadera, que el Padre dona y donará a todos Sus hijos y a todos los hombres de buena voluntad que llegarán a la Isla Blanca y con sinceridad de corazón pedirán perdón. La Nueva Jerusalén es el Centro de la infinita Misericordia de Dios.
La Obra del Padre es santa. Quien proviene de Dios es santo. Los hijos que proviene del Corazón de María son santos. Quien está llamado por el Padre y respeta Su Voluntad es santo. Con razón de este la Misericordia del Padre se convierte en Justicia en el momento en que la libertad del hombre quiere arremeterse contra la Casa del Padre. A estos el Espíritu del Padre gritará: «¡Fuera! El Padre no os conoce».
He aquí la Isla Blanca, donada a los hijos de Dios para acoger aquellos que quieren ser pequeños ante los ojos del Padre. A la Nueva Jerusalén llegarán las ovejitas de Dios. Contemplarán lo que el Padre les ha puesto a disposición. Muchos volverán a la vida. Muchos vivirán. Como anunciado por la Mujer de Dios elegida por el Padre, para dar cumplimiento a Su Plan de Amor y de Redención, grande será el pueblo que llegará a la montaña de Dios. Las gentes subirán el Monte Santo de Dios y encontrarán reposto, amparo, conforte por sus sufrimientos.
Las alabanzas se levantarán porque el mundo deberá poder escuchar la melodía de Amor que de esta Tierra se irradia para manifestar la única Alianza querida por el Padre, renovada en el Espíritu de Dios y en el espíritu vivo de los hijos de María, la toda bella, la toda pura. Contemplando María y Su Corazón Inmaculado, los hijos de Dios recibirán la semilla de la eterna juventud. Y los hijos de Dios ya no serán esclavos de este mundo y de lo que proviene del corazón del enemigo de Dios sino serán libres, finalmente y por siempre libres.