María, la Eterna Mozuela, es Aquella que es
(Borrador)
María, Aquella que por gracia es Madre de Dios, la Inmaculada del Espíritu Santo, con cuidado santo mira a los hijos que el Padre Le ha donado. Con cuotidiana maternidad la Madre de Dios vela y con amor materno acoge todos Sus hijos, a fin de que cada hijo que recibe el abrazo de la Madre Iglesia pueda sentirse en Casa. María Madre Iglesia acoge los hijos que tienen fe en Cristo, el Salvador del mundo.
La fe de los hijos de Dios triunfará. La fe que en esta Madre Iglesia muchos hijos han vuelto a encontrar, muchos han experimentado, muchos han reconocido, llevará a cumplimiento lo que el Padre ha revelado al Corazón Inmaculado de María, la Reina del Cielo y de la Tierra. María, la Madre universal, ha encomendado, encomienda y encomendará cada hijo y cada hombre y mujer de buena voluntad al Hijo, para que cada hijo participe de forma plena al Plan de Amor y de Redención querido por el Padre.
En la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén reina la amistad con Dios.
En la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén, fuente de toda santidad, Dios está vivo.
En la Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén, donde el Omnipotente ha posado Su mirada, cada hijo que abre el corazón recibirá Su gracia.
En la Nueva Jerusalén, la Tierra de Amor donada por el Padre, pisoteada por los hombres, Dios Omnipotente hace germinar las flores más bellas, que manifiestan el Jardín del Padre. Y María, como Su Sierva fiel, cuida cada flor, cada hijo que quiere ser acariciado por María, la Madre Iglesia, para poder mantener la propia belleza, el propio color y el propio perfume. Pero cuando voluntariamente los hijos deciden transformarse en rosas espinosas, la mano de María Madre Iglesia retrasa, para cuidar otras flores, todas igualmente queridas al Corazón de la Madre universal. María, Madre Iglesia, Esposa Fiel siempre inclina Su cabeza sólo ante el Padre, para proclamar con infinito Amor: «Padre, a Ti obedezco; Padre, a Ti Mi viva fidelidad».
En la víspera de la Fiesta de las Bodas con el Cielo, María Madre Iglesia Nueva Jerusalén hace oír Su voz y dice:
«Pueblo, pueblo de esta Tierra de Amor, alégrate, porque el Espíritu de Dios está vivo y reside en ti».
«Pueblo, pueblo santo de Dios, no temas, porque cercana está tu victoria»
«Pueblo santo de Dios, ante el acabar del tiempo, tu corazón sea dirigido al Omnipotente, que con potencia echará cada demonio, abatirá toda casa que se ha convertido en guarida de víboras».
«Haced sentir la fiesta de vuestro corazón, la alegría de vuestra vida, la voz que proclama el Nombre de Dios. Porque a Él y ante Él, sólo a Él, inclinaremos la cabeza. Toda rodilla se pliegue proclamando el nombre del Hijo de Dios. Así está escrito y así sea» (Is 45, 23; Ro 14, 11; Flp 2, 10).
Siguiendo el ejemplo de María, la humilde Sierva, la Eterna Mozuela, la Esposa fiel, esta Madre Iglesia nuevamente renueva Su ligazón de amor y de fidelidad a Dios Padre Omnipotente, renovando Su eterno “sí” a la Voluntad de Dios, Uno y Trino. María, la Eterna Mozuela, la humilde Sierva llegada a ser Madre, ha donado toda Si misma a fin de que la voluntad del Padre pudiera cumplirse. Quien en Su Corazón se refugia vive en el Corazón del Padre. Quien en el Corazón de María quiere volver a encontrar la vida, por medio de Su gracia vuelve a ser hijo, hijo de Dios; y ser salvado por Aquel que es.