Mensaje Universal de la Madre Iglesia

(Borrador)

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Cristo, Pan vivo bajado del Cielo, está presente en Espíritu y Verdad en medio de Su pueblo. Cristo se dona a Sus hijos, a fin de que cada hijo reconozca el signo de Su cercanía, de Su consistencia, de Su ser Hermano entre los hermanos. Cristo, Hombre-Dios, es el signo donado por María, Madre Iglesia, Nueva Jerusalén para la humanidad, que, a través de Sus hijos, abraza, acoge cada Hijo, cada hermano en el nombre del Padre.

El Padre quiere hacer consistir en el corazón de cada hijo la concienciación de la existencia de Cristo: la concienciación de Su consistencia y de Su sustancia, a fin de que cada corazón sea plasmado en el único verdadero amor en Aquel que salva, en Aquel que reúne, en Aquel que hace ser, en Aquel que hace libres y que permite recibir la Gracia del Padre, para llegar a ser santos ante Sus ojos.

En el nombre y por cuenta de esta Iglesia yo, Pontífice de esta Santa Madre Iglesia, os digo: «Id e instruid a todas las gentes, instruidlas en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque cada corazón pueda advertir la verdadera libertad donada por el Padre: aquella libertad que hace firmes en los principios cristianos, que hace firmes en la esencia cristiana; aquella libertad que pone en el corazón docilidad, integridad moral, gana espiritual de acercarse al Padre, a fin de que cada corazón pueda vivir en la Verdad, comprender la Verdad, vivir por la Verdad, para ser siempre en búsqueda continua de la unión con Dios, con Aquel que ha dado la vida, donado la vida para ser todos en la Vida».

He aquí que cada divergencia humana en el Nombre de Dios, en Su Hijo Cristo Salvador, sea aplanada, a fin de que cada divergencia desaparezca y se viva todos en Aquel que une, en Aquel que santifica, en Su Cuerpo, Cuerpo místico, Su Iglesia, Madre Iglesia, grande familia que, reunida en torno al Padre, reclama Su gracia, Su presencia, Su cercanía.

He aquí la esencia de la espiritualidad que une, la esencia de la espiritualidad que va más allá de cada frontera humana, moral, espiritual. Comprendiendo el significado de la paternidad de Dios nos unimos todos para llegar a ser un solo corazón que quiere latir para transmitir la voluntad del Padre: una, santa y universal.

Ésta es la unión de los corazones. Éste es ser portavoz de Dios. Éste significa transmitir Su gracia, a fin de que esta gracia pueda llevar beneficio, pueda dar fruto, a fin de que viviendo en la gracia del Padre se pueda volver a la vida, comprender su significado, despojarse de sí mismos para revestirse de Dios. «Haz de mí lo que te guste»: he aquí el abandonar el mundo para ser hombres nuevos, cristianos verdaderos, que quieren subir para contemplar lo que del Alto desciende; que quieren subir para contemplar lo que del Alto se revela; que quieren subir para contemplar lo que el Cielo contiene.

«Os dono mi Hijo», dijo el Padre, «a fin de que con Él, en Él y por Él podáis conocer la Verdad completa» (Jn 16, 13).

He aquí la voluntad del Padre: llevar todos al verdadero y pleno conocimiento de Su ser, de Su vida, a través de Aquella que con amor materno, recibiendo la gracia del Padre, ha sabido abrir Su Corazón para desvelar las delicias celestiales, donando Su Fruto, Fruto de Amor que consagra cada hombre al Padre, Uno y Trino.

En este nuevo comienzo, a los hijos de esta Iglesia y a todos los hombres de buena voluntad dirijo mi apelación de amor: «En el nombre de Dios anunciad la Verdad. En el nombre de Dios anunciad el Amor que de esta Casa se irradia. En el nombre de Dios sabed acoger cada hombre y mujer de buena voluntad. En el nombre de Dios, de esta Cuna de Amor, Tabernáculo del Padre, invito cada hijo, cada criatura a saber discernir donde está la Luz, donde reside la Luz, que ofrece la Luz: Paz, Alegría, Sinceridad, Amor, a fin de que se viva en el regocijo; a fin de que viva en cada corazón la fraternidad verdadera; a fin de que se haga de esta fraternidad un arma esencial para contrastar cada guerra moral y espiritual, para contrastar todos aquellos que en el nombre de Dios levantan la mano contra el propio hermano; a fin de que en el nombre de Dios se pueda unir, nos podamos unirnos para vencer la iniquidad; a fin de que cada hombre ya no sea sometido al poder del mundo; a fin de que cada hombre sea libre de cada tipo de esclavitud; a fin de que cada hombre reconozca la Iglesia de Cristo, fuente de libertad, fuente inestimable del Amor del Padre, fuente inagotable de Misericordia y Justicia; a fin de que esta Madre Iglesia pueda siempre más manifestarse por lo que es: Cuna del Padre, Tierra de Amor».

En la unidad de corazones, en la comunión espiritual, Cielo y Tierra, a través de vosotros dirijo el mensaje universal de esta Madre Iglesia, para que la conversión de los corazones sea viva y total, porque siempre más la cristiandad pueda ser lámpara para todas las gentes, salvación por el mundo entero y victoria del Hijo de Dios.

Y de este Tabernáculo viviente como Pontífice invoco sobre esta Iglesia y sobre cada hombre y mujer de buena voluntad la bendición viva y solemne del Padre, a fin de que descendiendo en cada corazón pueda llevar purificación y santidad; y librar cada hijo, que en Cristo se reve, de la esclavitud del pecado. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.