San José: el Guardián de la Iglesia Universal
(Borrador)
En San José la paternidad del Padre está viva. El Espíritu de San José, el escogido por Dios para custodiar y proteger al Dios Niño de las insidias del mundo, está viva. El Espíritu de Aquel que ha sido llamado a custodiar y a defender a María, la Madre Iglesia Universal, está vivo.
En este día de Amor y de Santidad, los cristianos auténticos ruegan al Padre, a fin de que infunda en sus corazones el Espíritu de San José: el Espíritu que infunde total confianza y seguridad; el Espíritu de quien está atento y vigilante, siempre listo y concentrado para atender cada orden santo que proviene del Padre; el Espíritu de quien es ejemplo perfecto de humildad y de obediencia amorosa a Dios. San José es el santo de la obediencia amorosa.
No siempre el Pensamiento de Dios es inmediatamente comprensible. Pero los hijos fieles de Dios, con humildad y obediencia amorosa lo aceptan, lo casan y lo ponen en práctica. Éste es el ejemplo que nos dona San José, el ejemplo perfecto de humildad y obediencia amorosa, el ejemplo perfecto para todos aquellos que en la humildad y en la obediencia amorosa están llamados a manifestar y a testimoniar siempre el propio sentido de pertenencia a la voluntad de Dios. Éste es lo que el Padre pide a cada hijo y a cada hombre y mujer de buena voluntad.
San José era y ha permanecido el ejemplo divino del Amor del Padre hacia el Hijo de Dios. San José siempre tuvo cuidado amoroso por Jesús y María. Su humildad y Su obediencia amorosa, la pasión con la cual todo ha hecho, han permitido al Hijo de Dios de crecer y de enseñar a los corazones a vivir el Amor del Padre. Aquel Hijo se nutría del Amor que este Hombre Santo ha dado, daba, sin descanso, donando Sus cuidados paternos, cuidados amorosos, a María y al Hijo Divino. San José ha sido el modelo de vida de Jesús hasta el día en el cual el Padre lo llamó a Sí mismo.
El Guardián de Dios, el Guardián de la Familia querida por Dios, ha custodiado y sigue custodiando la Morada de Dios entre los hombres. Ha custodiado físicamente lo que pertenecía al Padre, con justicia humana y santidad. Aún no comprendiendo, ante el manifestarse de Dios, sin trabas ha ido adelante, prosiguiendo contra todo y todos, tal de defender el Tesoro de Dios y desempeñar el deber que Dios Le había encomendado. Ahora como entonces jamás San José ha interrumpido Su deber: aquel de velar, proteger y defender a la verdadera Familia, la verdadera Iglesia Universal, la verdadera cristiandad.
Hoy muchas familias están destruidas por el egoísmo, por la vanidad, por la búsqueda de placeres mundanos. ¿Por qué los hijos de Dios no se inspiran más en el Amor de la Santa Familia, a Su capacidad de estar unida para devolver la esperanza, la certeza del rescate de todos los pecados que Jesús ha tomado sobre Sí y les ha llevados sobre la cruz, dejándolos atrapados para que no provocasen más daño a la humanidad entera? La poca fe en el Amor de Cristo, el desapego al sacrificio de Cristo, la ignorancia del Amor de Dios, la búsqueda de inútiles religiones que seguramente no son fruto del Amor del Padre, la apostasía de la iglesia de Roma han nuevamente reducido el hombre a la esclavitud y lo han hecho siervo del pecado.
En estos tiempos duros y difíciles los hijos de Dios están llamados con astucia santa a defender y a proclamar el Patrimonio de Dios, que en la “Pequeña Cuna del Niño Jesús” está vivo, a fin de que el Espíritu del Padre penetre en el corazón de los hijos de Dios y les llene del frescor de Dios. El frescor que hace los corazones vivos; el frescor que hace los corazones permeables al Amor; el frescor de quien no vive por el mundo sino que vive para cumplir a la voluntad del Padre, que todo ve, todo escucha y todo se dona, cuando Su voluntad es acogida, amada y custodiada, para dar fruto en abundancia.
El Amor del Padre vive en esta Casa. El Amor del Padre vive en esta Iglesia, que abrirá las puertas para hacer entrar todas las gentes, todos aquellos que están en búsqueda de la Vida eterna.
Los hijos de Dios, siguiendo el ejemplo de San José, deben ser guardianes del propio corazón. Hoy, en este día Santo, esta Iglesia dirige su apelación a todos los hijos de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que se preocupan de Cristo y de la cristiandad: «Sed los guardianes de la Buena Nueva. Sed los guardianes de la cristiandad auténtica, a fin de que con vuestra autenticidad podáis alumbrar muchos corazones, disolver las nieblas que el mundo quiere levantar para que no se vea el recto camino. Uno es el Camino que conduce al Corazón del Hijo, que abre de par en par Su Corazón para llegar al Corazón del Padre. Único y Santo es el Camino. Y siguiendo el ejemplo de Aquel que ha ofrecido Su vida cuidando el Pan vivo, id, con vivo coraje y auténtica santidad: perseverad en el Amor, perseverad en la obediencia amorosa, perseverad para hallar gracia ante el Padre». En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.